sábado, 14 de marzo de 2015

Estúpidamente predecible

Sabes que has aprendido algo de tus errores de adolescencia cuando empiezas a manejar ciertas situaciones fácilmente. En mi caso, quiero decir que sé que hay personas que son estúpidamente predecibles… Como los hombres, en este caso, mi muy querido amigo Stephan.

Nuestra relación desde siempre ha sido extraña, más en el momento que llegó la edad en donde se siente atracción por el sexo opuesto. Yo era un par de años menor que él, pero ciertamente empezó en la misma época. Recuerdo que él solía ser callado e, incluso, tímido, pero conmigo siempre podía mostrarse abierto, pues confiábamos el uno al otro con los ojos cerrados.

Un día, cuando decidió pedirme que fuéramos novios, le dije que
sí. Quizá debí pensármelo mejor, pero siempre juré que podría mis manos al fuego por él, me dejé llevar, sin importar las consecuencias. No pensé en nada más. ¿Pero qué sabía yo? No tendría más de 10 años, y aunque creía que tenía la respuesta al mundo, tenía aún un largo camino que recorrer.

Lo que no esperé fue que él cambiara tanto algunos meses. El gran noviazgo que me prometió no pasó de unos cuantos besos inocentes un fin de semana, para después ni siquiera hablarme. Qué idiota había sido. Tiempo después descubrí que había sido todo una apuesta. Y era amistad que había existido entre ambos, se esfumó. Lo llegué a odiar, con toda la intensidad de un inocente corazón roto, pero después fui consciente de que no valía la pena. Y aunque me hirió y ese fue su objetivo desde un principio, no lo dejé ganar. Seguí con la cabeza en alto, y anoté la experiencia como un aprendizaje para no cometer el mismo error de nuevo.

Pero soy idiota, en toda la extensión de la palabra, porque cuando se trataba de él, jamás medía las consecuencias. Con el paso de los años, habíamos cambiado, demasiado para mi gusto. La atracción estaba allí. Y con unas dulces palabras de él, caí como una tonta… Dos veces. Y como dice el dicho, a la tercera va la vencida, aprendí. Fue mucho más doloroso. Porque ya con un poco más de consciencia, miles de experiencias por detrás y un lado oscuro que siempre estaba allí, tuve esperanzas. Pero como siempre, aquellos sentimientos tenían doble filo, y el lado de la decepción llegó más fuerte que nunca, atravesándome hasta el fondo.

El momento en el que decidió estar con alguien más, sin siquiera tener la decencia de dar por terminado lo “nuestro” lo supe. Había malgastado mucho tiempo en la más patética forma. ¿Y lo peor de todo? Lo seguía queriendo. Aunque una parte de mí me decía que solo era un capricho… O masoquismo puro. Quizá ambas. Pero con un poco de ayuda y fuerza de voluntad, poco a poco fui dejándolo atrás, mientras él restregaba por todos lados su nueva relación. Ojalá él hubiera sabido que fue la burla de todos. Se había metido en la boca del lobo él solito y nada me pudo haber alegrado más.

Pero bueno. La vida se trataba de eso. De decepciones, de caídas, de errores, de aprender. Mis sentimientos por él aún seguían presentes de algún modo. Y cuando, después de algunos meses pasamos tiempo juntos de nuevo, salieron a flote una vez más. Por Dios, es que la palabra idiota se quedaba corta para mí; pero esta vez sabía que no podía caer, mi orgullo ahora estaba en las paredes que me protegían y a pesar de ese cariño que sentía por él, también existía cierta repulsión. Era rencorosa hasta los huesos. Y el engaño es algo que JAMÁS se olvida.

Cierto día, como gran pendeja que soy, hablé con él y fui sincera. Le dije lo que sentía, pensando que con eso simplemente me liberaría y podría seguir con mi camino. Gran sorpresa me llevé cuando dijo que le pasaba igual. No le creí. Ya no creía en sus embusteras palabras. Aunque le seguí el juego. Dios sabrá por qué lo hice…

Pero algo sabía ahora: Él era estúpidamente predecible. Empezaría a decirme lo linda que soy, o cuando me quiere, o lo mucho que me necesita. ¿Qué creen? ¡Pasó! Fue muy  “Jeanne, te quiero tanto y creo que deberíamos intentarlo. Desearía que fuera más fácil” ¡A otro perro con ese hueso!

Siempre le dije que no. Al inició creí que se rendiría. Él tenía a muchas para pasar el rato, y perder el tiempo conmigo no estaría entre sus planes. Pero después de una semana supe que no sería así. Era obvio lo que pasaría a continuación, mi queridísimo Stephan rogaría por un poco te atención ante mi negativa. Jamás he sido una arpía, pero me encanta ver como en cada una de sus palabras había un toque de ruego y desesperación. Ahora, a pesar de saber mis sentimientos por él, no me tendría. Ya no comería de su mano de nuevo. Y casi me sentí feliz por mí misma.

Poco a poco esos sentimientos dieron paso al rencor, y el rencor dio paso a la indiferencia. Después de un largo recorrido había dejado de existir esa piedra en mi zapato. Él fue tan estúpidamente predecible. De palabras bonitas, de ruego disimulado, de pequeñas supuestas verdades quería hacerme caer, quería seguir teniendo su ego arriba, donde creía que podría mover el mundo a su antojo… Lo que no pensó es que, yo a mí manera, lo baje de su nube y lo golpeé con la realidad.


Fuiste tan estúpidamente predecible, que impredeciblemente te gané.  

4 comentarios:

  1. Me ha encantado!!! De verdad, está muy bien, me gusta muchísimo XD
    No he tenido esta experiencia, pero has conseguido que la sienta. voy a seguir leyéndote.
    Por cierto, te he nominado a un tag en mi blog. Hazlo sólo si quieres, no es obligatorio.
    http://elblogdelcuentista.blogspot.com.es/2015/03/tag-sugestoes.html

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    1. Hola! Te he nominado al premio Mejores amigas Blogger
      http://elblogdelcuentista.blogspot.com.es/2015/04/noticias-y-premios.html

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  2. Hola hola!!!! Tienes talento, chica!
    Te hemos nominado a un premio
    http://suenosdepapelytinta.blogspot.com/2015/03/premios-mejores-amigas-2015.html

    Besos!

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  3. ¡Que relato tan bonito! Nos ha encantado sobre todo la última frase, sigue escribiendo ^^
    Besitos ♥
    -Librería Lunática

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