domingo, 12 de julio de 2015

Fuckin pride.

Cuando se tiene un corazón roto, y no necesariamente por un desamor, es simplemente muy difícil convivir con quienes te rodean. O cuando conoces a alguien quien se niega a abrirse por la misma razón, la impotencia de querer ayudarle es demasiado grande. Son un montón de contradicciones y sentimientos que se pelean en nuestro interior. Y quisiera decir que yo he encontrado la fórmula para hacer frente a esto, pero me temo que no es así.

Un día, cuando creí que cerraría un círculo con broche de oro, todo se arruinó bajo una tormenta de situaciones que no pude controlar. Había quedado envuelta en un lío que, hasta el día de hoy, sigo sin comprender. Y lo peor de todo, era tan estúpido e inmaduro, que no valía la pena siquiera pelear por ello. Me molestaba pensar que ahora estábamos separados por un error de cálculo, cuando se suponía que eso era lo último que debía pasar, y por cuestiones de orgullo, ni la mirada nos dirigíamos. Y no sólo de su parte, de la mía también. Desde el primer instante, sabía que no había manera alguna para decirle una palabra más. No era tan tonta. Aunque de alguna manera, al final fue lo mejor. Me olvidé de los sentimientos que albergaba, para dar paso al rencor y a la frialdad. 

Y al paso de tres semanas, todo estaba intensificado por mil. Odiaba todo lo que había terminado siendo, como las personas terminaron conectadas, la poca moral de algunas y el descubrimiento de la verdadera cara de otras. Siempre he considerado que los obstáculos con lo que nos encontramos a diario, con la maquinación correcta, podemos sacarle el mejor provecho. 

Al comienzo no entendía su comportamiento, creí que se había convertido en un completo idiota, lo cual no era una sorpresa, pero quizá fue un error de juicio, pues supongo que para mí siempre será un misterio. Su corazón había sido destrozado, y lo había cerrado para todos, para dar lugar a su actitud sobrada, cruel y orgullosa. Y como parecía estar bien con eso, supe que yo no podía hacer nada. O quizá no estaba dispuesta a hacerlo. La decepción y la ira habían podido con todas las buenas intenciones que alguna vez hubo en mí respecto a él. 

Y el orgullo, sentimiento a veces subestimado si me pregunta, que puede herir tan fácilmente, y destruir en segundo los que ha tomado años construir, como una bomba que solo todo aquel que intenta detenerla, sale lastimado, dejando cicatrices profundas que nunca se podrán borrar.

2 comentarios:

  1. Cuanta razon tienes! Me gusto mucho lo que escribiste c:

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    1. Hola!

      Muchas gracias, lo aprecio mucho :DDD

      Cuídate, un beso!

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