viernes, 26 de mayo de 2017

Rescue Me | Capítulo I

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CAPÍTULO I


Lucy sintió el aire fresco atravesarla completamente haciéndola estremecer. Ese día especialmente, se sentía sensible. Era un año más que se sentía inútil. Había decidido salir a un parque cerca a su casa al que solía ir mucho de niña, siempre estaba lleno de niños riendo y jugando, familias pasando el día, parejas, dueños con sus mascotas. La escena típica. Le gustaba pasar los minutos sentada en una banca, dejando que cada sensación la embargara, hasta que era simplemente demasiado para afrontar. Se quedaba allí, en silencio, pensando en todo y a la vez en nada. Los días más difíciles eran aquellos en los que se sentía perdida y sin esperanza.
“Te necesito ahora.”
Hizo una mueca de fastidio cuando leyó el mensaje que acaba de llegar a su teléfono. Robert la necesitaba. Después de tantos años, tuvo la misma sensación de incomodidad que tenía cuando pequeña cada vez que se le acercaba ese hombre, siempre la tenía. Incluso por un mensaje de texto. Cuando se hizo mayor, esa sensación no hizo más que crecer.
Caminó por varios minutos hasta que llegó a su casa. Sabía que Robert estaría en el despacho con su padre, como siempre. Se dirigió allí en silencio, la puerta estaba abierta, lo cual se le hizo extraño. Era casi una regla que la puerta estuviera cerrada siempre que ellos estuvieran en el despacho.
—¡No fue mi culpa! —Robert sonaba un tanto desesperado. Cosa que le extrañó a Lucy, siempre lo vio como un hombre frío, demasiado frío. En especial después de todo lo que ocurrió hacia años y hasta ahora. 
—Tampoco puedes culparme a mí. Más te vale que esto no me salpique de ninguna forma. —Esta vez era su padre el que hablaba con desprecio y frialdad. Como si los papeles se hubieran invertido. La relación de Lucy con sus padres nunca fue fácil, ni siquiera cuando era pequeña. Sin embargo, su padre siempre intentó de hablarle con suavidad, y si ella estaba presente mientras hablaba con alguien más, siempre mantenía la compostura.
—Estás tan hundido como yo en esto y lo sabes. De todas maneras sé protegernos. Y no nos veremos estancados. Tenemos un trato y lo sabes. —No quería creer que su padre estuviera metido en negocios turbios. Llevaba algunos años ayudando a ambos en los negocios que tenían. Se había graduado un año antes del instituto, y se había tomado un tipo de año “sabático” en el que se había metido en el mundo de los negocios. Había sido una buena forma de ganar dinero, sin embargo, no estaba segura si aplicaría a una universidad para estar en ese mundo.
Se mantuvo en silencio. Ambos hombres parecían estar ensimismados. Seguro esperaban por ella. Por lo que optó por hacer acto de presencia. Golpeó ligeramente la puerta y procuró mantener una expresión neutral. Esperó a que le dieran la indicación pasa seguir.
—Adelante. —Le dijo su padre. Tanto él como Robert mantenían expresiones gélidas en su rostro.
—Señores. ¿Me necesitaban? —Usualmente era bastante impersonal. Aunque en ese momento se le hacía difícil mantener la compostura. No le era de extrañar que Robert hiciera negocios turbios, jamás confió en ese hombre, pero le era inaceptable de parte de su padre. Si se iban a la quiebra, o peor, a la cárcel, su madre enloquecería, y estaba segura como el infierno que ella no se quedaría para recoger las piezas.
—Hay que revisar las posibilidades de ganancia y perdida en la inversión con Coulanges & Collins Co. —Le dijo su padre y asintió. Robert le pasó una carpeta y le dijo que podría encontrar todo allí y en su correo. Nuevamente asintió y salió de allí. Siempre que trabajaba desde casa lo hacía desde la comodidad de su habitación.
Cuando comenzó eran pasadas la una de la tarde, y cuando terminó eran las tres. Había mucho más que analizar de lo que pensaba, le dolía la cabeza y su estómago comenzaba a pedirle comida, pues no probaba bocado alguno desde temprano en la mañana. Por suerte le había servido para mantener la cabeza ocupada. Les envió los informes a Robert y a su padre, y bajó a la cocina. No había nadie. Seguro la empleada estaba haciendo las compras. Y por supuesto, de su madre poco se sentía en la casa. Se hizo un sándwich y una malteada. No tenía ganas de prepararse algo más complicado. Se los comió rápidamente y lavó lo que uso, dejando la cocina tan impecable como siempre.
Salió de la casa y tomó su auto. El único capricho que había querido para su cumpleaños 18 y graduación, que habían sido coincicidentes, fue un audi R8. Llevaba años loca por ese carro. Era su orgullo. Lo cuidaba más que nada. Su padre le decía jocosamente que parecía un “chico con sus juguetes.” La verdad había sido el momento más cercano de padre/hija que habían tenido en años.
Alejó el pensamiento y se dirigió por las calles. Recogería una correspondencia que esperaba hacia un tiempo, pero la había pedido a su cajón postal, no quería que nadie en la casa se diera cuenta de lo que estaba en su mente. No tenía nada seguro aún. Por suerte, no estaba muy lejos de la casa. No tenía ganas de estar por fuera por mucho tiempo.
Una vez los papeles y otros paquetes estuvieron en sus manos, volvió a la casa. Para encontrarse con una patrulla frente a la casa. Aparcó en el garaje con el corazón en la boca. Se preguntó si tenía algo que ver con lo que había escuchado horas más temprano en el despacho de su padre. Aunque lo había analizado varias veces durante el día, no tenía idea cómo podría enfrentarse a una situación así en ese momento. 
Entró a la casa, y primero se encontró con Agatha, la empleada. Una señora de aproximadamente 50 años, siempre le había tenido mucho aprecio. Tenía lágrimas en los ojos, y esperó para lo peor
—Agatha… ¿Qué ocurrió? —Le dio un abrazo a la mujer, que era unos centímetros más baja que ella.
—Pequeña Lu… Es mejor que entres a la sala, allá lo sabrás. —Asintió y pasó saliva. Agatha siempre la llamaba Pequeña Lu, desde pequeña, no recordaba muy bien el por qué, pero toda la vida le había gustado, era como un forma de demostrarle su afecto. La mayoría de empleados eran impersonales e insistían en llamarla "Señorita Brooks" algunos con suerte la llamaban "Señorita Lucy" nunca le gustó. Le parecía de lo más odioso. 
Lentamente y con la espalda muy rígida por la ansiedad entró. Sus padres estaban sentados en un sofá, y dos oficiales estaban sentados al frente. Su padre tenía una expresión preocupada, y su madre estaba visiblemente alterada, aunque sin perder la compostura.
—¿Madre… Padre?... ¿Qué ocurre? —Ambos la miraron, sin embargo, ninguno mencionó palabra alguna.
—Señorita Brooks… Necesitamos hacerle algunas preguntas. —Lucy solo asintió y se sentó en otro sillón diferente al que estaban todos, en uno de los lados.
—Cariño… —Comenzó su madre. —El cuerpo de Aaron fue encontrado. —Se llevó una mano a la boca escondiendo un sollozo.

Todos la miraban expectantes, pero ella no podía mover nada. Sentía como si se le hubiera olvidado respirar. Lo único que pasaba por su cabeza eran esas horribles “El cuerpo de Aaron” se negaba a creer que estuviera muerto. 

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Acabó de subir nuevo capítulo. Espero que lo disfrutes :) Gracias por pasarte y comentar! x

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