sábado, 24 de junio de 2017

Rescue Me │ Capítulo IV

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CAPÍTULO IV


La noche fue larga y pesada tanto para Lucy como para Adam. Ninguno de los dos pudo dormir mucho. No mucho tiempo después de que se despidieran, Adam le mandó un mensaje a Lucy haciéndole saber que llegó bien y prometiéndole que se verían al siguiente día.
Adam se sentía abatido. Cansado. Como si hubiera durado semanas sin tener descanso alguno. Cuando llegó a su casa su madre le dedicó una mirada de tristeza. Recibió algunas palabras por parte de su padre quien ya había llegado a la casa. No probó bocado alguno de la cena, y solo subió a su habitación, acostándose en la cama que adornaba el centro de la sencilla habitación. Se quedó mirando el techo meditando la situación. Aún creía que de alguna manera era un mal sueño. Pero no quería despertar. Tantos años, desesperado por saber qué sucedió con su amigo y si aún seguía vivo lo habían matado poco a poco. Ahora sólo necesitaba saber qué pasó realmente para cerrar ese capítulo para siempre.
Aunque la historia dio una gran giro cuando vio a Lucy frente la puerta de su casa. Cuando su madre le dijo que la pequeña rubia estaba esperándolo y que parecía asustada, le dedicó una mirada incrédula a su madre. La última cosa que esperaba era volver a ver a Lucy. Durante los años de infancia y temprana adolescencia la había querido más que a su vida, aún lo hacía, pero se alejaron por muchos años y no sabía en quién se pudo convertir. Aunque al verla con su expresión rota, sintió que los años no habían pasado. Cuando esta se tiró a sus brazos, fue como sentirse completo de nuevo. Pero a la vez destruido. La fecha y la presencia de Lucy le hacían saber que algo no estaba bien. Podía intuir que era, pero se negaba a creerlo.
Cuando las palabras comenzaron a salir de los labios de Lucy se rompió algo dentro de sí. Pero por primera vez en mucho tiempo, no se sintió solo. Ahora, luego de varias horas procesando la noticia, se sintió abatido pensando en quién se había convertido él mismo. Se preguntó si sería capaz de contarle a Lucy sobre su “proyecto” si es que se le podía llamar así.
No durmió mucho en toda la noche. Siempre que cerraba los ojos, pasaban por su cabeza las imágenes de Lucy y de Aaron, cuando los tres eran aparentemente felices.
Al siguiente día, luego de bañarse y comer algo vagamente, lo primero que recibió fue una visita de la policía, con el aviso de la muerte de Aaron más una citación para que fuera a un interrogatorio a la Fiscalía. Comprendió a Lucy, él mismo quería darle un puñetazo al policía que estaba parado en la puerta de su casa. Como siempre, la justicia actuando cuando era demasiado tarde. Y eso que aún no veía en los titulares cómo estarían vendiendo la noticia.
Recibió un texto de Lucy preguntándole si había recibido la citación. Cuando éste le respondió le afirmó, ésta le pidió que fueran juntos. Que lo recogería en una hora. Y así quedaron para encontrarse.
Lucy, por su parte, se levantó con un dolor de cabeza insoportable. Se tomó una aspirina de las más fuertes y no desayunó. Recibió una pequeña reprimenda por parte de Agatha, sin embargo, ésta no le echó demasiada lata a causa de las consecuencias. Sus padres no daban señales de vida, sin embargo, le dejaron la noticia de la citación a la estación. Se contactó con Adam y quedaron en que irían juntos.
Se bañó rápidamente, y se colocó ropa cómoda. Unos leggins negros, una musculosa, con una sacó grande y pesado azul oscuro puesto que era un día bastante frío, más unos uggs negros. Se recogió el cabello en una coleta desordenada, y se echó un poco de maquillaje para ocultar la falta de sueño. Se despidió de Agatha con un beso en la mejilla, le anunció a donde iría, y cogió las llaves del auto y su móvil. No tardaría en llegar a la casa de Adam.
Una vez estuvo allí, le envió un mensaje a Adam, éste solo demoró dos minutos en salir. Se subió al asiento de copiloto y saludó a Lucy con un abrazo algo incómodo.
—Lucy, ¿dormiste algo? —Le preocupó la expresión cansada de la joven. Pero no podía culparla, él mismo no durmió mucho.
—Algo… ¿Y tú?—Le susurró en respuesta.
—No mucho… —Ella asintió y comenzó a conducir hacia la estación. En la citación no fueron muy claros, además de que debían someterse a un interrogatorio de ayuda por el caso del homicidio del joven Aaron Morton.
El camino fue corto y llenar el silencio que había entre ambos era inútil. No había nada que pudieran decir en aquel momento. Sabía que las próximas horas estarían llenas de tención, tristeza y enojo. Ambos se habían prometido mantener la calma,  aunque sería muy difícil. Aunque al final, quisieran o no se tenían el uno al otro.
Llegaron a la Fiscalía y cuando entregaron la citación que le llegó a cada uno, fueron llevamos rápidamente a una sala de espera.
—Odio estar aquí. —Lucy retorcía el borde de su saco nerviosamente. Temía tener un ataque de pánico. Recordaba las veces que tuvo que estar allí cuando era más joven al ocurrir la desaparición de Aaron. Le parecían un mal chiste de la vida que se encontrara allí años más tarde a causa de su posible homicidio.
—Lo sé. Yo igual. Pero todo estará bien. —Él le tomó una de las manos y la entrelazó con la suya. Lucy sonrió. Siempre se sintió segura con él, y en ese momento, a pesar de que eran casi desconocidos, la sensación no cambió.
No le importó tener sus manos entrelazadas. Se sentía bien. La diferencia de tamaño era notable y hasta graciosa. Ella era bastante más pequeña comparada con él, pero siempre lo fue. No era un gran cambio. Las manos de Adam eran cálidas, y las de ella siempre estaban frías. Era agradable sentir algo de calor.
Pasaron varios minutos antes de que apareciera el detective encargado del caso.
—Sr. Adam Dunne y Srta. Lucy Brooks. —Ambos se pararon separándose, y asintieron. Cada uno le dio la mano al detective en señal de saludo. —Soy Connor Brown, el detective encargado del caso del joven Aaron Morton. Pasemos a mi oficina por favor. —Ambos asintieron y lo siguieron.
El hombre en cuestión era alto, de piel oscura y expresión fría. Parecía ser bastante serio. Con su trabajo debía serlo. Eso de alguna forma tranquilizó a Lucy y Adam. Parecía un hombre con experiencia que no se iba con tonterías. Era lo que por fin necesitaba el caso para esclarecer de una vez por todas lo que sucedió.
Una vez llegaron a la oficina del detective todos tomaron asiento. El aire era frío y Lucy se encogió de frío, y Adam tomó nuevamente una de sus manos. Le dedicó una mirada de tranquilidad y Lucy asintió en respuesta.
—Bueno. Como creo que bien saben, el joven Aaron Morton, tras cinco años sin saber su paradero, su cuerpo fue encontrado a las orillas del Lago Harlem Meer, al norte de Central Park, con signos de muerte a causa de ahogamiento. Se cree que fue un asesinato dadas las condiciones de su desaparición, sin embargo, no se descarta el suicidio. —Era la primera vez que ambos escuchaban los detalles de la muerte de Aaron. Lucy se estremeció. Se imaginó algo más como que murió de una puñalada, quizá un disparo. Jamás se imaginó que lo hubiera ahogado en un lago. Era de alguna forma más macabro. Odiaba la forma tan robótica en la que el detective decía todo. Como si estuviera diciendo la lista del mercado y no los detalles de la muerte de una persona. —Ya he revisado el expediente del caso en el que se hablaba sobre la desaparición del joven hace ya cinco años. Sé que ambos eran los mejores amigos del Sr. Morton. Leí los interrogatorios. No hace falta repetir los detalles de hace cinco años. Es inútil. No les haré interrogatorios formales ahora, a menos que sea necesario. Pero sí les haré algunas preguntas, y espero que las respondan en ánimo de saber a dónde dirigir la investigación.
Lucy miró a Adam, quien le apretaba fuertemente la mano. Sabía que estaba enojado, podía verlo en cómo sus orejas se estaban tornando cada vez más rojas. Probablemente, al igual que ella le molestaba que consideraran siquiera el suicidio. Era obvio para todos que fue un homicidio. Le molestaba aquel detective por más profesional que pareciera. Odiaba estar en esa situación. Odiaba saber que su amigo había sufrido.
—Primero, ¿alguno llegó a tener contacto con Aaron a lo largo de estos cinco años? —Lucy soltó una risa amarga, provocando que ambos hombres la miraran.
—¿Usted cree que si Aaron se hubiera contactado en estos cinco años… No lo habríamos hecho hasta lo imposible por que volviera a casa? Es una pregunta estúpida si me permite, Detective. —Su voz había sonado tan amarga, que se sintió diez años mayor.
Adam le dedicó una mirada furiosa al Detective que asintió con frialdad.
—En estos cinco años, ¿mantuvieron contacto con la familia? ¿Entre ustedes? ¿Son pareja? —Ambos se estaban conteniendo para no despotricar toda su rabia. Y a pesar de la pregunta, se apretaron más mutuamente la mano.
—No, no somos pareja. De hecho no mantuvimos mucho contacto entre nosotros por los últimos cinco años. Como entenderá, resultó algo doloroso para ambos perder un amigo. Siempre estábamos los tres. La desaparición de Aaron nos rompió. Y yo, no mantuve ningún tipo de contacto con la familia Morton. —Adam también utilizó un tono gélido. Quería que todo terminara rápido.
—Ya el Sr. Dunne le ha respondido sus preguntas respecto a nuestra relación y su  relación con la familia de Aaron. En mi caso, yo sí tengo y mantengo contacto con ellos. Mi padre y el Sr. Robert Morton llevan negocios juntos, han sido amigos por muchos años. Y yo también les ayudo en algunas cosas de negocios. Sin embargo, no he visto en demasiadas ocasiones a la Sra. Morton. —El detective asintió.
—Bien, no se les hará más preguntas. Procuren ser fácil de contactar. Serán informados de los avances del caso a como lo desee la familia Morton. —Ambos asintieron y procedieron a salir. Pero antes de cerrar, Lucy se devolvió.
—Aaron… ¿Llevaba demasiado tiempo muerto? ¿Fue fácil su reconocimiento? —Le dolía hacer esas preguntas, pero lo necesitaba. Esperaba que no fuera información confidencial.
—La autopsia aún no se lleva acabo, sin embargo, en los exámenes preliminares, dicen que el joven no llevaba muchas horas muerto. Sin embargo, a causa del transcurso de los años, fue necesario revisar el registro dental para saber si era el joven o no. —Lucy asintió y se fue junto a Adam.
Ninguno dijo nada hasta que llegaron al auto. Allí, ambos se abrazaron mientras Lucy comenzaba a llorar y Adam luchaba por no romper algo. El dolor era palpable en la escena.  

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